Y
como no podía ver, por muchos esfuerzos que hiciera para recordarlo, aquel
rostro queridísimo, me irritaba al encontrar en mi memoria con definitiva
exactitud las caras inútiles y sorprendentes del hombre del tiovivo y de la
vendedora de barritas de caramelo; como sucede a esas personas que perdieron un
ser querido y no logran volver a verlo en sueños, y se exasperan al encontrarse
continuamente en sus pesadillas a tantas personas insoportables que ya basta y
sobra con verlas en estado de vigilia.
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