Pronto todo le resultó fastidioso. ¡Son tan aburridas las cosas lindas! … ¡Ah,
los cuadros, como para enloquecerlo a uno! Cuánta razón tiene usted! ¡Es tan
aburrido escribir cartas! … Finalmente, fue la vida misma a la que trató como
cosa insoportable, sin que se supiera dónde había tomado sus términos de
comparación.
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