Verdad
es que mi espíritu se hallaba perplejo ante ciertas dificultades, y la
presencia del cuerpo dé Jesucristo en la ostia no me parecía un misterio más
oscuro que aquel primer salón del barrio situado en la orilla derecha, cuyos
muebles podía oír yo sacudir por las mañanas desde mi cuarto.
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