Incluso
para las reuniones familiares, sólo entre ellos podía escoger la señora de
Guermantes sus invitados, y en las comidas de doce personas reunidas en torno a
la mesa servida, eran como las estatuas de oro de los apóstoles de la Sagrada
Capilla, pilares simbólicos y consagrantes ante la Sagrada Mesa.
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