Y
sólo la imaginación y la creencia pueden diferenciar de los detrás ciertos
objetos, ciertos seres, y crear una atmósfera. ¡Ay!, jamás, sin duda, me sería
dado asentar mis pasos por entre esos parajes pintorescos, esos accidentes
naturales, esas curiosidades locales, esas obras de arte del barrio de
Saint-Germain. Y me contentaba con estremecerme al distinguir desde alta
mar (y sin esperanza dé llegar nunca allí), como un minarete avanzado, como
tina primera palmera, como el comienzo de la industria o de la vegetación
exótica, la gastada estera de la costa.
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