Y, entretanto,
Gilberta seguía sin volver por los Campos Elíseos. Y yo tenía gran necesidad de
verla, porque ni siquiera me acordaba ya de su cara. El modo inquisitivo,
ansioso, exigente, con que miramos a la persona querida; la espera de una
palabra que nos dé o nos quite la alegría de una cita para el otro día, y
mientras esa palabra se formula, las figuraciones alternativas, si no
simultáneas, que nos hacemos, de gozo y de desesperación, son cosas que
contribuyen a que nuestra atención frente al ser amado sea harto temblorosa
para que podamos obtener una imagen suya bien clara.
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