— ¡Ah! ¡Señor Norpois! ¡Ah! ¡La verdad que es un
hallazgo! ¡Paciencia! Ese Juan Particular no tardará en llamarlo a usted
ciudadano Norpois — exclama volviéndose hacia el barón, el señor de Guermantes.
Al fin podía exhalar su mal humor contra Jupien, que lo llamaba señor y no
señor duque.
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