¿Y quién sabe? Quizás
se exhiban los huesos y los gusanos para las grandes fiestas. ¿Por qué no? Mire, ahí tiene a la vieja Rampillón. ¿A usted le parece que
hay mucha diferencia entre eso y un esqueleto vestido de sarao? Es verdad que
tiene todos los derechos, porque cuenta por lo menos cien años. Ya era uno de
los monstruos sagrados ante los que me negaba a inclinarme cuando daba mis
primeros pasos por el mundo. La creía muerta desde hacía mucho tiempo; lo que,
por otra parte, sería la única explicación del espectáculo que nos ofrece. Es impresionante y
litúrgico. Es un “campo santo.
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